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Daida Hernández: «No quiero pasar de puntillas por mi propia vida»

Por Redacción Más Mujer Online 19 agosto 2026 8 min de lectura
Daida Hernández: «No quiero pasar de puntillas por mi propia vida»

Psicóloga especializada en Psicología Positiva

La felicidad no es una meta, sino una forma de recorrer el camino. Esa es una de las ideas que defiende Daida Hernández, psicóloga especializada en Psicología Positiva, divulgadora y formadora, convencida de que el bienestar emocional puede aprenderse y entrenarse. Tras una trayectoria que la llevó a replantearse su propia vida profesional, hoy acompaña a personas y organizaciones a descubrir sus fortalezas, gestionar sus emociones y construir una vida más auténtica.

En esta entrevista para Más Mujer, hablamos sobre autoestima, miedos, éxito, salud emocional y el papel que desempeñan las mujeres en la construcción de una sociedad más consciente.

Sueles decir que la felicidad se entrena. ¿Qué significa realmente esa afirmación y por qué sigue costándonos tanto creerla? Para mí significa que la felicidad no depende únicamente de lo que nos pasa, sino también de cómo percibimos y nos relacionamos con lo que nos pasa. Podemos trabajar nuestro diálogo interno, aprender a gestionar nuestras emociones e incluso reparar heridas del pasado que siguen condicionando cómo vivimos el presente.

Nos cuesta creerlo porque durante mucho tiempo hemos entendido la felicidad como una meta: “seré feliz cuando consiga esto, cuando tenga aquello, cuando cambie mi vida…”. Y así podemos pasarnos años esperando.

La felicidad tiene mucho más que ver con aprender a vivir mientras la vida ocurre. No esperar a que ocurra algo extraordinario para permitirnos disfrutar de lo ordinario.

¿En qué momento de tu vida comprendiste que debías cambiar de rumbo para dedicarte plenamente a aquello que te apasionaba? Creo que ha habido varios momentos en mi vida que me han llevado hasta mi vocación. Nada es casualidad. Hay algo que nunca he contado, pero creo que la muerte de mi padre fue una de las razones que me llevó a estudiar Psicología. Era muy pequeña y necesitaba entender algunas cosas.

Curiosamente, años después hubo otro acontecimiento que marcó mi camino, pero desde un lugar completamente diferente: el nacimiento de mi hijo. Creo que ahí desperté. Empecé a cuestionarme si estaba viviendo la vida que realmente quería o simplemente la que se esperaba de mí, y poco a poco comencé a encaminarme hacia lo que de verdad me apasionaba.

¿Alguna vez has sentido que aparentemente lo tienes todo para ser feliz y, aun así, no lo eres? A veces todo parece funcionar desde fuera, pero nuestro cuerpo sabe que hay algo que no es congruente con lo que realmente queremos. Escucharlo y atrevernos a actuar en consecuencia puede cambiar el rumbo de nuestra vida.

«La autoestima no consiste en pensar que somos maravillosas todo el tiempo; consiste en saber que seguimos teniendo valor incluso cuando nos equivocamos.»

La autoestima sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes de muchas mujeres. ¿Qué factores la debilitan con más frecuencia y cómo podemos fortalecerla? La comparación constante, la autoexigencia, la necesidad de agradar y esa sensación de que siempre tenemos que demostrar algo. Muchas mujeres han aprendido a medir su valor en función de lo que hacen por los demás, de su apariencia, de sus logros o de la aprobación externa. Fortalecer la autoestima implica conocernos, tratarnos con más respeto, aprender a poner límites y dejar de convertir cada error en una sentencia sobre quiénes somos. La autoestima no consiste en pensar que somos maravillosas todo el tiempo; consiste en saber que seguimos teniendo valor incluso cuando nos equivocamos.

Vivimos en una sociedad que premia la productividad constante. ¿Estamos olvidando cuidar nuestra salud emocional? Sí, y creo que uno de los mayores problemas es que incluso hemos convertido el autocuidado en otra exigencia más. Las redes sociales también han contribuido a ello: parece que hasta descansar tenemos que hacerlo bien.

Vivimos a una velocidad vertiginosa y cada vez toleramos menos la espera. Escuchamos audios a 2.0, queremos series sin anuncios, respuestas inmediatas… Estamos acostumbrando a nuestro cerebro a la inmediatez y a la estimulación constante.

Y en medio de todo eso, no nos permitimos parar. Descansar nos genera incluso culpa porque sentimos que siempre podríamos estar haciendo algo más. Cuidar nuestra salud emocional no siempre significa añadir más cosas a nuestra vida; muchas veces significa hacer menos, bajar el ritmo y permitirnos simplemente estar.

¿Qué papel desempeñan los pensamientos y las creencias limitantes en las decisiones que tomamos cada día? Es crucial. Desde muy pequeñas vamos aprendiendo una determinada forma de hablarnos y de interpretar lo que nos ocurre. El problema es que, con el tiempo, dejamos de cuestionarla y empezamos a dar por verdades absolutas cosas que realmente no sabemos.

Nuestra mente puede decirnos “no va a salir bien”, “no voy a poder” o “esto va a pasar”, y nosotros reaccionamos emocionalmente como si ya fuera un hecho.

Por eso siempre digo: cree mucho en ti, pero no creas todo lo que te dices. Nuestros pensamientos no son hechos, aunque a veces nuestra mente consiga convencernos de lo contrario.

«No esperes a volver a sentirte segura para empezar. Empezamos con miedo, damos pequeños pasos, comprobamos que podemos y entonces nuestra confianza empieza a crecer.»

Cada vez más mujeres ocupan puestos de liderazgo. ¿Qué herramientas emocionales consideras imprescindibles para liderar sin renunciar al bienestar? Autoconocimiento, gestión emocional, capacidad para poner límites y comunicación asertiva. También aprender a tolerar algo que resulta especialmente difícil: no gustarle a todo el mundo. Liderar implica tomar decisiones y algunas no van a satisfacer a todas las personas. Cuando una mujer necesita constantemente aprobación, el liderazgo puede convertirse en una enorme fuente de desgaste. Para mí, liderar bien empieza por liderarse a una misma.

Como divulgadora, ¿qué mito sobre la psicología te gustaría desterrar definitivamente? Que ir al psicólogo es solamente para cuando estás mal o ya no puedes más. La psicología también sirve para conocernos, prevenir, mejorar nuestras relaciones, tomar decisiones, desarrollar habilidades o simplemente vivir de una manera más consciente. No deberíamos esperar a estar completamente desbordados para empezar a cuidar nuestra salud mental.

¿Qué consejo darías a una mujer que siente que ha perdido la confianza en sí misma y no sabe por dónde empezar? Que no espere a volver a sentirse segura para empezar. Muchas veces creemos que primero tiene que aparecer la confianza y después llegará la acción, cuando suele suceder al contrario. Empezamos con miedo, damos pequeños pasos, comprobamos que podemos y entonces nuestra confianza empieza a crecer. Que mire también hacia atrás y recuerde todas aquellas situaciones que pensó que no podría afrontar y que finalmente afrontó. A veces olvidamos nuestras propias pruebas de fortaleza.

Si pudieras cambiar un único aspecto relacionado con la salud emocional de nuestra sociedad, ¿cuál sería? ¡Me gustaría poder hacer tantas cosas! Pero si me voy a lo más fundamental, empezaría por la educación emocional. Creo que la gestión emocional debería ser una asignatura obligatoria en los colegios, pero incluso empezaría antes: también debería formar parte de los cursos de preparación al parto para las familias.

Cuando vamos a ser padres nos enseñan muchos cuidados físicos del bebé, pero muy poco sobre sus necesidades emocionales y sobre cómo acompañarlas. Y los niños no vienen con un libro de instrucciones. No podemos enseñarles a gestionar sus emociones si los adultos que los acompañamos tampoco hemos aprendido a hacerlo.

Si desde pequeños aprendiéramos a identificar lo que sentimos, gestionar la frustración, pedir ayuda y hablarnos con respeto, probablemente evitaríamos mucho sufrimiento en la edad adulta. Educar emocionalmente también es prevenir.

¿Qué significa para ti vivir una vida con propósito? Mi abuela tiene 99 años y desde hace años la escucho decir: “Ay, si yo volviera a ser joven…”.

Y yo siempre he pensado que, si tengo la suerte de llegar a su edad, quiero mirar atrás y decir: “Madre mía, Daida, todo lo que hiciste, todo lo que te equivocaste, todo lo que aprendiste y todo lo que viviste”.

Para mí, vivir con propósito no significa que todo sea perfecto ni tener claro siempre hacia dónde vas, sino poder mirar lo que haces, las personas de las que te rodeas y las decisiones que tomas y sentir que tienen sentido para ti.

No quiero pasar de puntillas por mi propia vida. Quiero probar, equivocarme, aprender, disfrutar, atreverme… Para mí, eso es vivir una vida con propósito.

Más Mujer en una palabra

¿Qué palabra define mejor este momento de su vida? Evolución

¿Qué palabra asocia con la felicidad? Momentos.

¿Qué valor considera irrenunciable? Coherencia.

¿Qué necesita hoy la sociedad? Conexión.

¿Qué palabra resume el legado que le gustaría dejar? Esencia.

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