La salida de Astrid Pérez de la dirección del PP de Lanzarote cierra una etapa de 23 años y plantea una pregunta que va más allá de la política: ¿cómo contamos la pérdida de poder de una mujer?
Hay noticias políticas que merecen ser contadas. Y hay noticias políticas que, además, deberían hacernos reflexionar sobre la manera en que las contamos.
Lo ocurrido estos días con Astrid Pérez pertenece, para mí, a las dos categorías.
La presidenta del Parlamento de Canarias ha cerrado una etapa de 23 años vinculada a la dirección del Partido Popular de Lanzarote: cinco años como secretaria general y 18 como presidenta insular. El Partido Popular de Canarias prevé constituir este miércoles una Comisión de Gobierno Transitoria para asumir provisionalmente la dirección del partido en la isla.
Son hechos.
También lo es que Astrid Pérez ha aceptado públicamente la decisión. En su primer mensaje a la militancia afirmó: «Asumo esta decisión porque el partido está por encima de las personas». Y este martes ha vuelto a despedirse públicamente de una etapa que, según sus propias palabras, ha sido especialmente intensa.
Son también hechos.
Y hay otro que conviene recordar: Astrid Pérez continúa siendo presidenta del Parlamento de Canarias. Su salida de la dirección del PP de Lanzarote no equivale a abandonar ese cargo institucional. La propia Cámara autonómica continúa identificándola como su presidenta.
Hasta aquí, la información.
Pero desde Más Mujer queremos plantear una pregunta.
En estos dos días hemos leído titulares y expresiones muy diferentes para describir lo sucedido.
Algunos medios han optado por hablar de relevo, salida o final de una etapa. Otros han utilizado términos mucho más contundentes para describir el proceso interno del Partido Popular.
No corresponde a Más Mujer juzgar el criterio editorial de cada medio.
Pero sí creemos que el lenguaje importa.
Importa cuando hablamos de política. Importa cuando hablamos de poder. E importa especialmente cuando hablamos de una mujer que lleva décadas ocupando espacios de responsabilidad.
Porque una cosa es informar sobre una crisis interna de un partido, analizar sus causas, explicar sus protagonistas y cuestionar las decisiones que correspondan. Y otra, muy distinta, es convertir el final de una etapa política en una valoración sobre la persona.
Astrid Pérez puede ser cuestionada políticamente. Por supuesto.
Quien ocupa responsabilidades públicas debe asumir el escrutinio, las críticas y el juicio de los ciudadanos. Ninguna mujer que ejerza poder necesita ni merece un trato de favor por el hecho de ser mujer.
Pero hay una diferencia entre criticar a una dirigente política y reducir toda su trayectoria al momento en que deja un cargo.
Veintitrés años de actividad política no desaparecen porque una organización decida cambiar su estructura.
Durante ese tiempo, Pérez ha desempeñado diferentes responsabilidades políticas e institucionales y actualmente preside el Parlamento de Canarias. Su despedida del liderazgo insular pone fin a una etapa, pero no borra la trayectoria que la ha llevado hasta allí.
Y quizá deberíamos aprender a contar mejor precisamente esos finales.
Esta es la parte más incómoda de nuestra reflexión.
¿Habríamos utilizado exactamente las mismas palabras, los mismos titulares y el mismo tono si quien hubiera dejado la presidencia del PP de Lanzarote después de 23 años hubiera sido un hombre?
No tengo una respuesta demostrable. Y no sería serio afirmar que sí. Pero tampoco creo que debamos dejar de hacernos la pregunta. Porque el periodismo también tiene la responsabilidad de revisar sus propios códigos, sus palabras y sus inercias.
Y porque las mujeres que ejercen poder han sido durante demasiado tiempo observadas desde lugares diferentes: por cómo hablan, por cómo ejercen la autoridad, por cómo reaccionan ante la crítica y, también, por cómo afrontan una derrota.
No afirmamos que eso sea lo que ha ocurrido en este caso. Preguntamos si alguna vez ocurre. Y creemos que la pregunta merece hacerse.
Hay algo que sí podemos defender sin necesidad de tomar partido político: Una mujer que ocupa un cargo público debe poder ser cuestionada. Pero también debería poder cerrar una etapa con dignidad.
Astrid Pérez ha elegido, al menos en sus declaraciones públicas de estos días, poner el acento en el agradecimiento a la militancia y en su compromiso con el proyecto político. El secretario general del PP de Canarias, Poli Suárez, ha asegurado además que las decisiones sobre Lanzarote se han tomado «de la mano también de la propia Astrid Pérez».
Hay, por tanto, diferentes interpretaciones políticas sobre lo ocurrido. Y probablemente habrá muchas más en los próximos días. Eso forma parte de la política.
Lo que no debería formar parte de ella -ni del periodismo- es la necesidad de convertir cada relevo en una humillación.
Desde Más Mujer defendemos que las mujeres tienen que estar donde se toman las decisiones.
En la política. En las empresas. En las instituciones. En la universidad. En la cultura. En todos los ámbitos de nuestra sociedad.
Pero si queremos que las mujeres ocupen esos espacios, también tenemos que construir una cultura en la que puedan ejercer el poder sin que su condición de mujer añada una carga innecesaria al juicio público.
No necesitamos mujeres perfectas. Necesitamos mujeres libres para acertar y equivocarse. Mujeres capaces de ejercer autoridad. Mujeres capaces de discrepar. Mujeres capaces de ganar. Y también mujeres capaces de perder.
Porque perder un cargo no significa perder una trayectoria. Y abandonar una responsabilidad no significa que todo lo construido antes deje de tener valor.
No sabemos qué hará Astrid Pérez a partir de ahora.
Lo que sí sabemos es que ella misma ha dejado claro que esta despedida no equivale necesariamente a abandonar la política. En su mensaje de este martes ha expresado su voluntad de seguir trabajando y de intentar ganarse la confianza de quienes todavía no apoyan al Partido Popular.
Será ella quien decida cuál será el siguiente capítulo. Los ciudadanos decidirán cómo valoran su trayectoria. Y los medios seguiremos teniendo la obligación de informar.
Pero quizá esta situación nos deje una reflexión que va mucho más allá de Astrid Pérez y del Partido Popular de Lanzarote.
¿Somos capaces de contar la pérdida de poder de una mujer sin convertirla en una derrota personal?
En Más Mujer creemos que sí. Y creemos también que ese es el periodismo que queremos hacer.
Un periodismo que pregunta. Un periodismo que analiza. Un periodismo que no renuncia a la crítica. Pero que tampoco olvida que detrás de cada titular hay una persona. Porque una mujer puede perder un cargo. Puede cerrar una etapa. Puede equivocarse. Puede ser cuestionada.
Pero una trayectoria de 23 años merece algo más que un titular sobre su caída.
El equipo de redacción de Más Mujer Online trabaja cada día para traerte información de calidad sobre actualidad, tendencias y los eventos más importantes para las mujeres de Canarias.
Actualidad, tendencias y eventos directamente en tu correo.