La maternidad sigue condicionando las oportunidades laborales de muchas mujeres. Los datos sobre conciliación y empleo evidencian una desigualdad que también persiste en Canarias.
Tener hijos no debería significar renunciar a un ascenso, reducir la jornada, frenar una trayectoria profesional o aceptar empleos menos estables. Sin embargo, mientras los cuidados sigan recayendo de forma desigual sobre las mujeres y la conciliación dependa de soluciones individuales, la maternidad continuará teniendo un coste laboral que no se exige en la misma medida a los hombres.
La maternidad debería ser una elección personal, no una desventaja profesional. Pero para muchas mujeres, el nacimiento de un hijo marca el comienzo de una carrera de obstáculos: reorganizar horarios, renunciar a oportunidades, interrumpir proyectos o asumir una jornada reducida para atender responsabilidades familiares.
No se trata de casos aislados ni de una cuestión de organización doméstica. Los datos muestran que los cuidados siguen teniendo consecuencias diferentes para mujeres y hombres.
Según el módulo de conciliación de la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondiente a 2025, entre las personas ocupadas con responsabilidades de cuidado, el 8,3 % de las mujeres había reducido su tiempo de trabajo, frente al 0,8 % de los hombres. El indicador incluye a personas con distintas responsabilidades de cuidado, no exclusivamente a madres y padres, pero refleja con claridad quién asume en mayor medida el ajuste laboral. INE: Encuesta de conciliación, 2025.
La diferencia no es menor. Reducir la jornada puede significar cobrar menos hoy, cotizar menos y disponer de menos oportunidades de promoción mañana. A ello se suma el tiempo que muchas mujeres dedican a organizar citas médicas, atender enfermedades infantiles, coordinar horarios escolares o responder a imprevistos que el mercado laboral no siempre contempla.
El problema no es que las mujeres sean madres. El problema es que la organización del empleo y de los cuidados continúa penalizando esa realidad.
En Canarias, la situación laboral de las mujeres muestra avances, aunque persisten diferencias relevantes.
Los datos del cuarto trimestre de 2025 publicados por el Instituto Canario de Estadística (ISTAC) situaron la tasa de paro femenina en el 14,3 %, frente al 11,6 % de los hombres. La temporalidad también fue superior entre las mujeres: el 19,6 %, frente al 15 % masculino. ISTAC: Encuesta de Población Activa, cuarto trimestre de 2025.
Estas cifras no demuestran por sí solas que la maternidad sea la causa de esas diferencias. Sí dibujan un contexto laboral en el que las mujeres parten de una posición menos favorable y en el que las responsabilidades familiares pueden agravar las dificultades para acceder a un empleo estable, mantener ingresos o progresar profesionalmente.
Además, Canarias cuenta con una economía en la que los servicios tienen un peso destacado. En actividades con turnos, horarios cambiantes o trabajo en fines de semana, conciliar puede resultar especialmente complicado cuando no existen redes de apoyo suficientes o alternativas de cuidado accesibles.
Para una madre que trabaja en el comercio, la hostelería, la atención a personas o cualquier actividad con horarios poco flexibles, la conciliación no se resuelve siempre con buena voluntad. Requiere condiciones laborales compatibles con la vida y servicios que permitan sostenerlas.
Durante demasiado tiempo, conciliar se ha presentado como una cuestión privada: cada familia debe encontrar la fórmula y cada mujer debe arreglárselas para llegar a todo. Ese planteamiento oculta una pregunta esencial: ¿quién asume realmente el coste de cuidar?
Cuando una madre rechaza una promoción porque implica más disponibilidad, reduce su jornada o abandona temporalmente el mercado laboral, la consecuencia no termina en ese momento. Puede afectar a su salario, su autonomía económica, su cotización y sus posibilidades de acceder a puestos de responsabilidad.
La desigualdad también se reproduce cuando las empresas interpretan la maternidad como una menor disponibilidad, mientras consideran la dedicación profesional de los hombres una señal de compromiso. La experiencia y la capacidad no desaparecen por tener hijos. Lo que cambia, con frecuencia, son las condiciones en las que se permite ejercerlas.
Por eso, la corresponsabilidad debe ir más allá de un mensaje bienintencionado. Implica que los hombres asuman su parte de los cuidados, que las empresas revisen prácticas y horarios, que las administraciones impulsen servicios suficientes y que las medidas de conciliación no se traduzcan en pérdida de oportunidades.
La igualdad no consiste en que las mujeres aprendan a soportar mejor la doble jornada. Consiste en que no tengan que pagar con su desarrollo profesional el hecho de cuidar.
Necesitamos políticas de conciliación efectivas, educación infantil accesible, horarios laborales razonables, corresponsabilidad real y mecanismos que impidan que la maternidad se convierta en motivo de discriminación. También hacen falta datos y evaluaciones que permitan conocer cómo evoluciona esta realidad en Canarias y qué medidas están funcionando.
Ser madre no debería implicar elegir entre acompañar a un hijo y avanzar en una carrera profesional. Tampoco debería obligar a aceptar menos ingresos, menos estabilidad o menos reconocimiento.
La maternidad no es un problema que las mujeres deban resolver a solas. Es una realidad social que exige respuestas colectivas.
Porque ninguna mujer debería tener que pagar con su futuro profesional el derecho a cuidar.
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