La revista de las mujeres que inspiran
Tendencias

Lo que se queda

Por Redacción Más Mujer Online 16 septiembre 2026 6 min de lectura
Taza y objetos con historia en un hogar, ejemplo de decoración emocional
Hay objetos que decoran una casa y otros que cuentan quién la habitó.

¿Por qué conservamos objetos que ya no necesitamos? Quizá porque algunos no ocupan espacio: ocupan memoria. La decoración emocional consiste también en saber qué merece quedarse y encontrar la manera de integrar nuestros recuerdos en el hogar que habitamos hoy.

Cuando los objetos ocupan memoria

Hay una taza desconchada en algún armario de tu casa que no debería seguir ahí.
Tienes otras mejores. Probablemente más bonitas. Incluso puede ser que lleves años sin utilizarla. Cada cierto tiempo haces limpieza, la encuentras al fondo del armario, la coges y durante unos segundos piensas que esta vez sí. Que ya no tiene sentido conservarla. Pero después ocurre algo extraño: vuelve al mismo sitio.

No es una taza. Bueno, sí lo es. Pero también es otra cosa.

Vivimos rodeadas de objetos que, vistos desde fuera, apenas tienen valor. Una vajilla incompleta, una fotografía que nunca llegó a enmarcarse, el mantel que solo aparece en Navidad, una silla que alguien debería haber restaurado hace años. Cosas que sobreviven a mudanzas, reformas y a todas esas ocasiones en las que prometemos quedarnos únicamente con lo necesario.

El valor sentimental de las cosas

Y, sin embargo, ahí siguen.

Quizá porque hay objetos que ocupan espacio y otros que ocupan memoria.

No recordamos nuestra vida como una sucesión perfectamente ordenada de acontecimientos. La recordamos a través de pequeños fragmentos. Un olor. Una canción. Una textura. El ruido de una puerta. La forma en que entraba la luz en la cocina de nuestra infancia. Y muchas veces son los objetos los que guardan esos fragmentos cuando nosotras dejamos de pensar en ellos.

Por eso podemos entrar en una casa que lleva décadas sin pertenecernos y reconocerla antes incluso de mirar alrededor. Basta con el olor del pasillo, el sonido del suelo bajo los pies o encontrar aquella bandeja encima de la mesa. De repente, no estamos visitando una casa. Estamos regresando a un lugar de nuestra propia historia.

Las casas hacen eso. Guardan versiones de quienes fuimos.

Qué merece quedarse en nuestro hogar

Tal vez por eso vaciar una vivienda después de que alguien se marche resulta tan difícil. De pronto hay que decidir qué hacer con una vida convertida en objetos. Qué se guarda, qué se regala, qué se tira. Y descubrimos que el valor de las cosas rara vez coincide con lo que costaron.

Puede que nadie quiera aquel aparador enorme, pero todos quieran quedarse con el pequeño cuenco que siempre estaba encima. Puede que un reloj deje de funcionar y, aun así, nadie se atreve a tirarlo. Puede que una receta escrita a mano termine siendo mucho más importante que la vajilla reservada para las ocasiones especiales.

Porque hay cosas que decoran una casa y otras que cuentan quién la habitó.

Decorar con recuerdos sin vivir en el pasado

Y quizá ahí esté uno de los mayores retos de la decoración emocional: encontrar la manera de que todo lo que hemos sido conviva con quienes somos ahora. Porque diseñar un hogar no siempre consiste en decidir qué entra, sino también en entender qué merece quedarse. Para una decoradora, el reto no está en conseguir que aquella mesa heredada, esa fotografía o una pieza que jamás elegiríamos hoy combinen con lo nuevo. Está en encontrarles un lugar sin que la casa parezca detenida en el pasado. Integrar la memoria en el presente para que los recuerdos formen parte del espacio sin impedir que este siga evolucionando con nosotras.

Y ordenar puede ser maravilloso. Desprendernos de lo que ya no necesitamos también. Pero deberíamos preguntarnos qué estamos eliminando antes de decidir que algo sobra.

No todo lo antiguo merece conservarse. Ni todo recuerdo necesita convertirse en un objeto. Una casa tampoco debería ser un almacén de nuestra biografía. Pero entre guardar absolutamente todo y vivir como si acabáramos de llegar existe un lugar mucho más interesante.

Una fotografía antigua puede compartir pared con una obra contemporánea. La mesa de nuestros abuelos puede rodearse de sillas nuevas. Una pieza de cerámica comprada durante un viaje puede terminar al lado de algo que encontramos ayer. No tienen que pertenecer al mismo estilo. Basta con que pertenezcan a la misma historia.

Ahí está una de las diferencias más importantes entre decorar y habitar.

Cuando decoramos únicamente pensando en cómo queremos que se vea una casa, buscamos coherencia entre los objetos. Cuando la habitamos, aparece otra clase de coherencia: la nuestra.

Y esa casi nunca es perfecta.

La diferencia entre decorar y habitar

Tiene etapas que no combinan entre sí. Personas que llegaron y se fueron. Viajes, pérdidas, celebraciones, errores. Tiene cosas que hoy jamás compraríamos, pero que decidimos conservar porque todavía significan algo para nosotras.

Por eso las casas más interesantes no siempre son aquellas en las que todo combina. A veces son precisamente las que contienen alguna pequeña contradicción. Una pieza que parece no pertenecer al conjunto y que, cuando preguntas por ella, provoca una historia.

Esa es la decoración más difícil de copiar.

Puedes comprar el mismo sofá, pintar la pared del mismo color e incluso encontrar una lámpara idéntica. Lo que no puedes comprar es lo que ocurrió alrededor de aquella mesa, quién sostuvo aquella taza o por qué esa fotografía lleva veinte años acompañando a alguien de una casa a otra.

Así que la próxima vez que hagas limpieza y vuelvas a encontrarte con esa taza desconchada al fondo del armario, quizá la pregunta no sea si deberías tirarla. Pregúntate qué estás intentando conservar cuando decides que vuelva a quedarse.

Puede que descubras que no necesitas la taza. Necesitas lo que representa. Y entonces podrás decidir qué hacer con ella: devolverla al fondo del armario, despedirte de ella o, quizá, sacarla de allí y encontrarle un lugar en la casa que habitas hoy.

Una casa también cuenta nuestra historia

Porque conservar nuestra historia no debería consistir en acumular recuerdos que no nos atrevemos a tocar. También podemos elegir cuáles queremos seguir viendo, usando y haciendo formar parte de nuestra vida.

Tal vez el verdadero valor de aquella taza nunca estuvo en que consiguiera sobrevivir a todas tus limpiezas. Quizá estaba en aquello que, una y otra vez, hacía que decidieras que se quedara.

AUTORA

María del Cristo Benítez Fariña – Decoradora emocional, asesora y autora del libro y método Habitarse.

¿Te ha gustado este artículo?
Compártelo con alguien a quien le pueda interesar

Redacción Más Mujer Online

Redacción Más Mujer Online

Redacción Más Mujer Online

El equipo de redacción de Más Mujer Online trabaja cada día para traerte información de calidad sobre actualidad, tendencias y los eventos más importantes para las mujeres de Canarias.

Únete a nuestra comunidad

Recibe cada semana las mejores historias

Actualidad, tendencias y eventos directamente en tu correo.