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Pilar Torres Navarro: «Escribir sobre las mujeres silenciadas es devolverles la firma que no pudieron poner en sus obras»

Por Redacción Más Mujer Online • 03 noviembre 2026 • 10 min de lectura
Pilar Torres Navarro, escritora tinerfeña y ganadora del Premio Ciudad de Alcalá 2026 de Narrativa
Pilar Torres Navarro, escritora tinerfeña y ganadora del Premio Ciudad de Alcalá 2026 de Narrativa. Foto: Rubén de Cándido.

La escritora tinerfeña Pilar Torres Navarro, ganadora del Premio Ciudad de Alcalá 2026 de Narrativa por Seda y pedernal y finalista del Premio Nadal con La llave del espejo, dejó el Derecho y la banca para dedicarse por completo a la literatura. En sus novelas rescata a mujeres que desafiaron las normas de su época y reivindica las historias que quedaron fuera del relato oficial.

Durante años, Pilar Torres Navarro escribió de madrugada, los fines de semana y en vacaciones, mientras desarrollaba su carrera profesional en el ámbito jurídico y financiero. Hasta que decidió dejar atrás la seguridad de un trabajo estable para dar a la literatura el lugar que siempre había ocupado en su vida. Hoy, tras ganar el Premio Ciudad de Alcalá 2026 de Narrativa con Seda y pedernal, la escritora de Güímar continúa explorando las vidas de mujeres que se abrieron camino en sociedades que les negaban oportunidades. En esta entrevista con Más Mujer habla de valentía, de sueños que no caducan y de la necesidad de devolver la voz a quienes la historia dejó en los márgenes.

Acabas de recibir el Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa 2026 por Seda y pedernal, elegida entre 152 obras. Después de haber sido finalista del Premio Nadal, ¿qué significa para ti este nuevo reconocimiento y qué tiene de especial este momento de tu trayectoria? Lo especial que tiene este reconocimiento es que llega en un momento en el que me dedico exclusivamente a la escritura. Después de cuatro años, mi anterior vida como abogada de familia y trabajadora de banca quedó atrás. Aquella fue una apuesta grande y muy arriesgada; pero yo no he parado desde entonces: he seguido formándome, trabajando duro, día a día, para ofrecer lo mejor de mí. Así que este premio corrobora aquella decisión, aquel camino que en su día tomé. Es como si la vida me dijera: «Sigue así, Pili, que vas muy bien».

En Seda y pedernal rescatas la figura de Païva, una mujer poderosa, ambiciosa y controvertida en la Francia del siglo XIX. ¿Qué encontraste en ella que te hizo pensar que su historia tenía que convertirse en una novela? Me encontré con una mujer que nació sin nada, en un barrio humilde de Moscú, y que llegó a vivir en uno de los palacios más lujosos de París. Lo consiguió en un mundo en el que una prostituta apenas tenía derechos y en el que su único capital era ella misma.

Además, la Païva no es una heroína de manual. Fue admirada, envidiada y despreciada a partes iguales, y eso es justamente lo que me atrapó. No quería juzgarla, quería entenderla. Preguntarme qué precio pagó por subir tan alto y qué tuvo que callar por el camino.

Si miramos tus tres novelas – La Quinta Bella Vista, La llave del espejo y ahora Seda y pedernal -encontramos mujeres que se enfrentan a sociedades, normas y circunstancias que condicionan sus vidas. ¿Es consciente esa elección o las mujeres protagonistas terminan imponiéndose a ti durante el proceso creativo? Hay un poco de las dos cosas. Yo trabajo con un guion muy cerrado y suelo decir que conduzco yo a los personajes, y no ellos a mí. Así que la elección es consciente. Me interesan las mujeres que se encontraron con la puerta cerrada y, en lugar de quedarse quietas, buscaron una salida.

Pero también es verdad que, cuando llevas meses conviviendo con ellas, acaban teniendo voz propia. Te sorprenden, te discuten alguna escena y te obligan a ser honesta con ellas. Creo que en todas mis protagonistas hay algo que comparto: la convicción de que las circunstancias pesan, pero no lo deciden todo.

«Ella tenía el talento, pero no tenía el permiso»

En La llave del espejo quisiste reivindicar la memoria de mujeres artistas que vivieron y murieron en el anonimato. ¿Qué te interesa especialmente de esas mujeres que la historia oficial dejó fuera del relato? Me interesa su vida en silencio. En la Llave del espejo retraté la historia de una pintora impresionista que no pudo estudiar en las academias porque estaba mal visto, que no pudo exponer en salas de arte, y que, al final, tuvo que firmar sus cuadros con un nombre de hombre para poder sobrevivir a la primera Gran Guerra. Ella tenía el talento, pero no tenía el permiso.

Escribir sobre las mujeres silenciadas a lo largo de los siglos es una forma de devolverles la firma que no pudieron poner en sus obras. Y, de paso, es una manera de recordarnos que la historia que conocemos no es toda la historia que ocurrió: es solo la que alguien decidió contar.

Hay algo muy particular en tu trayectoria: estudiaste Derecho, trabajaste durante más de 25 años en el ámbito jurídico y financiero y finalmente decidiste dejar aquella carrera para dedicarte a la literatura. ¿Qué tuvo que ocurrir dentro de ti para atreverte a cambiar de vida? Tuve que darme cuenta de que el tiempo no espera. Durante muchos años escribí en los huecos que dejaba el trabajo: de madrugada, los fines de semana, en vacaciones. Publiqué dos novelas así, y fui feliz haciéndolo, pero sentía que la escritura se merecía algo más que mis sobras.

Quedar finalista del Nadal fue una señal. Me hizo pensar que, si había llegado hasta ahí escribiendo a ratos, ¿hasta dónde podría llegar si le dedicaba la vida entera? Daba vértigo, claro. Dejar un trabajo estable a cierta edad no es una decisión que se tome a la ligera. Pero descubrí que me daba más miedo llegar a vieja preguntándome qué habría pasado si me hubiera atrevido. Y me atreví.

«La escritura se merecía algo más que mis sobras»

En 2015, cuando te entrevistamos en Más Mujer por La Quinta Bella Vista, nos contabas que escribías desde niña y que durante años convivieron en ti «dos mundos»: el trabajo, que era tu medio de vida, y la literatura, que realmente te daba la vida. Once años después, ¿qué le dirías hoy a aquella Pilar que todavía no se había atrevido a elegir plenamente la escritura? Le diría que no tenga miedo, que no se va a equivocar. Aunque también le diría que esos años que pasó en un despacho y en la banca no fueron tiempo perdido. Del Derecho aprendí a ordenar las ideas y a entender los conflictos de las personas; de la banca, el espíritu comercial, la disciplina y la constancia. Todo eso hoy está en mis novelas.

También le diría que los sueños no caducan: se quedan esperando, pacientes, a que tengamos el valor de ir a buscarlos. Y que no se trata de esperar al momento perfecto, porque el momento perfecto no existe. Se trata de empezar.

Tu formación y tus intereses van mucho más allá de la literatura: Derecho, Piano, creación literaria… y en tus novelas tienen mucho peso la pintura, la música, la arquitectura, los paisajes y la investigación histórica. ¿Cómo se alimentan entre sí todas esas disciplinas cuando escribes? Para mí todo forma parte de lo mismo. El piano me enseñó que la prosa también tiene ritmo: hay frases que piden ir despacio y otras que tienen que correr. De hecho, en mis talleres de escritura utilizo la música, porque ayuda mucho a escuchar el texto. Por otra parte, conocer las formas del mundo y el lenguaje de los artistas —pintores, escultores, arquitectos— no ha hecho más que enriquecer mi vocabulario, mis escenarios, la mirada de mis personajes. Creo que el arte visual, y en concreto la pintura, ha sido fundamental para moldear mi forma de narrar y darle un estilo propio. Al final, escribir es mirar el mundo con todos los sentidos a la vez.

Tus novelas exigen una importante labor de documentación histórica. ¿Dónde termina la realidad y comienza la imaginación de la escritora? ¿Qué es lo que más te fascina de investigar una época antes de convertirla en ficción? Antes de afrontar cualquiera de mis obras, estudio minuciosa y reflexivamente el tejido histórico de la época. Es la parte más ardua del trabajo, pero también la que más disfruto. Para Seda y pedernal viajé a París a buscar las fuentes, a pisar las calles y a ver con mis propios ojos los lugares donde vivieron mis personajes.

La frontera la tengo clara: los hechos, las fechas y los lugares los respeto al máximo, y cuando me tomo alguna licencia, lo sé y lo anoto. La imaginación entra en lo que la historia no cuenta: lo que sentían, lo que se decían en voz baja, lo que callaban. La historia nos cuenta lo que pasó; la novela, cómo se vivió. Y lo que más me fascina son los pequeños detalles: qué comían, cómo olían las calles, cuánto costaba un vestido. Ahí es donde una época deja de ser un libro de texto y empieza a respirar.

«La historia que conocemos no es toda la historia que ocurrió: es solo la que alguien decidió contar»

Como escritora canaria, ¿crees que todavía existen dificultades específicas para que las autoras y autores de las islas tengan visibilidad fuera de Canarias? ¿Qué necesitaría nuestra literatura para ocupar el lugar que merece? Sí, creo que sí. Vivir en una isla tiene muchas cosas buenas, pero también una distancia real con los lugares donde se mueve el mundo editorial. Presentar un libro fuera, viajar a ferias o estar presente en los medios nacionales cuesta más dinero y más esfuerzo. Y a veces todavía se nos mira como una literatura «de allí», un poco exótica, cuando escribimos sobre lo mismo que cualquier otro escritor: el amor, la pérdida, la ambición, la memoria.

Los premios ayudan mucho a abrir puertas, y lo digo por experiencia. Pero hace falta más: apoyo para que nuestros libros se distribuyan y viajen, presencia en las grandes ferias y, sobre todo, lectores. Que en Canarias leamos a nuestros autores con orgullo. Tenemos talento de sobra; lo que necesitamos es que se vea.

Y una última pregunta, muy de Más Mujer: después de tantos años escribiendo sobre mujeres que tuvieron que luchar contra los límites de su época, ¿qué mujer te gustaría que encontrara hoy una lectora en tus novelas y pensara: «Esta historia también habla de mí»? Una mujer consciente de su valor, que se sobrepone a los conflictos de la vida y confía en que puede superarlos. Alguien a quien le ha costado llegar hasta ahí, porque ha tenido que recorrer su propio viaje de la heroína, lleno de retos, problemas y dificultades. Y que, precisamente por eso, sabe que es más fuerte de lo que creía.

 

Más Mujer en una palabra

Para terminar, cinco respuestas rápidas:

Una palabra para definir la escritura: Trabajo.

Una mujer que te inspira: Siri Hustvedt.

Un libro que recomendarías siempre: El paciente inglés, de Michael Ondaatje.

Un lugar de Tenerife que te conecta contigo misma: Punta Hidalgo.

Pilar Torres Navarro en una palabra: Orfebre.

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