¿Y si una pregunta pudiera ayudarte a recuperar el foco en medio del caos cotidiano? Fran Galante, psicóloga, consultora, mentora y conferenciante, comparte un ejercicio de desarrollo personal que invita a tomar decisiones más conscientes, conectar con nuestros valores y avanzar hacia la vida que queremos construir, sin convertir el crecimiento personal en una nueva exigencia.
Una pregunta para recuperar el foco cuando la vida te despeina
Hace algún tiempo, durante un proceso de desarrollo personal con una mentora, hice un ejercicio que parecía sencillo: escribir cómo quería que fuera mi vida.
Pero había una condición. No se trataba únicamente de describir qué quería conseguir, qué proyectos quería desarrollar o dónde quería estar. La pregunta iba un poco más allá: ¿cómo quería ser yo?
¿Cómo quería pensar, trabajar y relacionarme? ¿Cómo quería afrontar las dificultades? ¿Dónde quería poner mi energía? ¿Qué quería cuidar y qué necesitaba aprender a soltar?
Y escribí.
Poco a poco, fui construyendo con palabras a esa mujer. No una mujer perfecta. No una versión idealizada de mí misma que nunca se equivoca, siempre está motivada y tiene todas las respuestas.
Era, sencillamente, una mujer capaz de construir la vida que yo quería. Con dudas, con días difíciles y con cosas por aprender, pero con una idea más clara de lo que le importaba.
Aquel ejercicio me pareció revelador. Sin embargo, lo verdaderamente interesante ocurrió después: empecé a utilizar a esa mujer como referencia.
Cuando me disperso, cuando un problema amenaza con ocupar todo el espacio o cuando dudo de una decisión, intento detenerme unos segundos y preguntarme:
¿Qué haría ahora la mujer capaz de construir la vida que quiero?
No me pregunto qué sentiría. Probablemente también estaría cansada. Tendría miedo, inseguridad o ganas de dejarlo todo para otro día.
Me pregunto qué haría con todo eso. Y esa pequeña diferencia, al menos para mí, cambia muchas cosas.
Con el tiempo, he comprobado que esta pregunta me ayuda a recuperar el foco y la calma. No porque desaparezcan los problemas ni porque esa mujer imaginada tenga una respuesta mágica para todo, sino porque me recuerda hacia dónde quiero ir.
Hay días en los que todo parece importante. Todo parece urgente. Todo reclama un pedacito de nuestra cabeza.
En esos momentos, tener una referencia me ayuda a ordenar: esto merece mi energía; esto puede esperar; esto me acerca a lo que quiero cuidar; esto, aunque haga mucho ruido, no necesita ocupar el centro de mi vida.
Y ahí, de alguna manera, mi cerebro se peina un poquito.
No se trata de adivinar quién seré dentro de unos años, sino de reconocer qué valores quiero llevar a mis decisiones de hoy. Qué clase de relación quiero tener conmigo misma, con mi trabajo y con las personas que me rodean.
Imaginarlo puede inspirarme. Pero construirlo exige algo más: elegir el siguiente paso.
Podemos querer muchas cosas y no saber cómo acercarnos a ellas en un día cualquiera.
Queremos terminar un proyecto, pero aparece algo que nos distrae. Queremos vivir con mayor tranquilidad, pero seguimos dando vueltas a situaciones que no podemos controlar. Queremos cuidar nuestras relaciones, pero a veces sentimos el impulso de responder desde el enfado o la inseguridad.
Ahí es donde esta pregunta se vuelve práctica.
Si estoy a punto de abandonar algo importante porque hoy no tengo motivación, ¿qué haría ella?
Si una oportunidad me ilusiona, pero también me da miedo, ¿qué haría ella?
Si estoy agotada y, aun así, me exijo seguir, ¿qué haría ella?
La respuesta no siempre será hacer más.
A veces será trabajar un rato y avanzar lo posible. Otras, descansar sin convertir el descanso en una culpa. A veces será insistir; otras, reconocer que ha llegado el momento de retirarse.
Ante un mensaje que me descoloca, por ejemplo, la respuesta podría ser no contestar inmediatamente. Darme un tiempo, pensar qué quiero cuidar y decidir después si necesito hablar, poner un límite o dejarlo pasar.
No se trata de encontrar una respuesta impecable. Se trata de crear un pequeño espacio entre lo que me ocurre y lo que decido hacer. Eso es lo que me aporta este ejercicio cotidiano.
Porque tener foco no significa producir constantemente. Significa recordar qué importa.
Hay algo que me parece fundamental: esa mujer no puede convertirse en otra forma de exigirme más.
Este ejercicio no consiste en comparar a la mujer que soy con otra supuestamente mejor. Tampoco en convertir el presente en una sala de espera hasta que llegue el día en que sea más segura, más serena o más capaz.
La mujer que soy hoy también merece cuidado, incluso cuando se equivoca o no sabe por dónde empezar.
Además, no todo está en nuestras manos. Tenemos circunstancias, responsabilidades y límites que no desaparecen por hacernos una pregunta. Construir la vida que queremos también puede requerir apoyo, recursos y oportunidades.
Esta herramienta no sustituye nada de eso. A mí me ayuda a reconocer, dentro de lo que sí puedo decidir, un paso posible. A veces ese paso es pedir ayuda. O admitir que hoy no puedo con todo.
No necesito nada especial para volver a la pregunta. Puedo parar, recordar lo que me importa y elegir desde ahí.
No siempre cambiará lo que sucede fuera. Pero puede ayudarme a responder sin dejar que la urgencia del momento lo decida todo.
No utilizo a mi yo futuro para escapar del presente. Lo utilizo para recordar cómo quiero habitarlo.
Aquella mujer que un día describí en un ejercicio se ha convertido en una referencia a la que volver cuando pierdo el rumbo. No para juzgarme, sino para orientarme.
No necesito sentir hoy toda su seguridad, su serenidad o su determinación. Puedo tener dudas y, aun así, tomar una decisión que cuide lo que me importa.
Solo necesito, de vez en cuando, detenerme y preguntarme: ¿qué haría ahora la mujer capaz de construir la vida que quiero?
Y hacer una pequeña parte de eso.
Porque quizá no tengamos que esperar a convertirnos en otra persona para empezar a construir esa vida. Quizá podamos empezar con la mujer que ya somos, con lo que tenemos y con el siguiente paso que hoy sea posible.
Tener foco no significa no perderlo. Significa saber volver.
Fran Galante
Psicóloga, consultora, mentora y conferenciante
Autora de Cerebros Despeinados
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