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Psicología

¿Cuánto ruido llevas hoy en la cabeza?

Por Redacción Más Mujer Online 17 septiembre 2026 9 min de lectura
Mujer reflexionando sobre la carga mental y el cansancio psicológico

Cuando el cansancio no está en el cuerpo, sino en todo lo que tu mente intenta sostener

Hay días en los que llegamos a casa cansadas sin saber muy bien por qué.

No hemos corrido una maratón. Quizá tampoco hemos tenido una jornada especialmente dura. Nos sentamos en el sofá, por fin, pero ocurre algo curioso: el cuerpo se ha sentado y la cabeza todavía no.

Recuerda que mañana tienes que llamar al médico. Que no has contestado aquel correo. Que debes comprar algo antes de volver a casa. Que llevas varios días queriendo hablar con alguien. Que tienes que tomar una decisión. Que quizá deberías haber respondido de otra manera en aquella reunión.

Y mientras intentas descansar, aparece otro pensamiento. Y después otro. Y otro.

Eso también cansa.

No siempre estamos agotadas por todo lo que hacemos. A veces estamos agotadas por todo lo que intentamos mantener simultáneamente en nuestra cabeza.

Una mente llena de pestañas abiertas

Hay una imagen que utilizo con frecuencia porque explica muy bien esta sensación. Imagina tu ordenador con veinte pestañas abiertas. Puedes seguir trabajando. El ordenador funciona. Pero cada una de esas pestañas está consumiendo recursos.

Con nuestra mente ocurre algo parecido.

Una conversación pendiente. Una preocupación económica. Una tarea sin terminar. Algo relacionado con nuestros hijos, nuestros padres o nuestra pareja. Una decisión profesional. Un mensaje que tenemos que contestar. Aquello que no queremos olvidar.

No necesariamente estamos pensando conscientemente en todo ello a la vez. Sin embargo, muchas de esas cuestiones permanecen ahí, reclamando periódicamente nuestra atención.

La psicología cognitiva lleva décadas estudiando la memoria de trabajo: el sistema que nos permite mantener una cantidad limitada de información accesible mientras planificamos, razonamos, comprendemos o resolvemos problemas. No podemos sostenerlo todo en primer plano al mismo tiempo.[1]

Cuando tratamos de atender a demasiadas demandas simultáneamente, la carga cognitiva puede aumentar. Esto puede dificultar la concentración, la organización de la información y la toma de decisiones, especialmente cuando las tareas compiten por nuestra atención.[2]

Y entonces aparece una frase muy habitual: «No puedo más».

Quizá, algunas veces, sería más preciso decir: «No puedo sostener más cosas en mi cabeza».

La carga mental que nadie ve

Existe además otra forma de cansancio especialmente frecuente en la vida cotidiana de muchas mujeres. No es únicamente hacer. Es recordar que hay que hacer.

Pensar qué falta en casa. Recordar una cita. Organizar horarios. Anticipar necesidades. Decidir qué comeremos mañana. Saber cuándo toca una revisión. Detectar que alguien de la familia necesita algo. Coordinar agendas. Recordar cumpleaños. Resolver pequeños asuntos que, vistos de uno en uno, quizá parecen insignificantes.

Muchas de esas tareas son pequeñas. El problema es su acumulación. Porque organizar también es trabajar. Anticipar también requiere recursos. Recordar también ocupa espacio mental.

La investigación denomina a esta dimensión del trabajo doméstico y de cuidados trabajo mental o trabajo cognitivo doméstico: todas esas actividades de pensar, prever, planificar, identificar necesidades, buscar opciones, decidir, coordinar y supervisar para que la vida cotidiana funcione.

No siempre se ve. No siempre se nombra. Y, con frecuencia, tampoco se reparte.

Una revisión sistemática de investigaciones sobre esta cuestión concluyó que las mujeres realizan una mayor proporción de este trabajo mental, en especial en lo relativo a la crianza y a las decisiones familiares.[3] Un estudio con 322 madres de niñas y niños pequeños encontró, además, que ellas asumían una parte mayor de la planificación que de la ejecución física de las tareas domésticas; una mayor carga cognitiva se asoció, en esa muestra, con más estrés, agotamiento y síntomas depresivos, así como con peor bienestar psicológico y de pareja.[4]

Esto no significa que toda mujer viva esta experiencia de la misma manera ni que todas las familias se organicen igual.

Pero sí nos ayuda a poner nombre a algo que muchas mujeres reconocen de inmediato: el cansancio de no solo hacer, sino de ser quien recuerda, anticipa y se asegura de que nada se caiga.

Y algunas cargas no se resuelven organizándonos mejor, sino repartiéndolas de una manera más justa.

La corresponsabilidad no consiste solo en que alguien ayude cuando se le pide. Consiste también en compartir la atención, la previsión, las decisiones y el trabajo invisible que sostiene la vida cotidiana.

El ruido no siempre viene de fuera

Cuando pensamos en ruido imaginamos coches, conversaciones, teléfonos o una televisión demasiado alta. Pero existe también ruido interno.

Pensamientos repetitivos. Preocupaciones. Conversaciones que seguimos manteniendo mentalmente horas después de haber terminado. Decisiones aplazadas. Escenarios que todavía no han ocurrido. Preguntas para las que ahora mismo no tenemos respuesta.

Nuestro cerebro tiene una enorme capacidad para anticipar. Gracias a ella podemos planificar, prevenir problemas y prepararnos para el futuro. El problema comienza cuando anticipar se convierte en habitar permanentemente el futuro.

Entonces estamos preparando la cena mientras pensamos en mañana, trabajando mientras repasamos lo ocurrido ayer y hablando con alguien mientras una parte de nuestra atención continúa ocupada en otra cosa.

Estamos en muchos lugares. Excepto, algunas veces, en el lugar en el que realmente estamos.

Hacer un poco de higiene mental

Hay una idea que me interesa especialmente y que podríamos llamar higiene mental.

Cuidamos nuestra higiene corporal casi automáticamente. Nos duchamos, descansamos, limpiamos, ordenamos. Pero pocas veces nos preguntamos qué hacemos con todo lo que vamos acumulando mentalmente.

La higiene mental no significa dejar de pensar. Tampoco vivir permanentemente relajadas ni eliminar cualquier preocupación. Y desde luego no significa obligarnos a pensar en positivo.

Significa algo bastante más realista: aprender a reconocer qué está ocupando nuestra mente y decidir qué merece seguir ocupándola.

Porque no todo necesita resolverse hoy y, no todo depende de nosotras.

No todos los pensamientos necesitan una respuesta. Y no todas las preocupaciones merecen convertirse en residentes permanentes de nuestra cabeza.

Cinco minutos para vaciar la cabeza

Te propongo un pequeño experimento.

Coge un papel. Durante cinco minutos escribe, sin ordenar ni analizar, todo aquello que tienes ahora mismo en la cabeza.

La llamada pendiente. Una preocupación. Algo que comprar. Una conversación. Una decisión. Una idea. Un miedo. Una tarea. Una persona.

Lo importante y lo aparentemente insignificante. Todo aquello que insiste en ocupar espacio.

Pasar al papel lo que intentamos retener puede ayudarnos a dejar de depender exclusivamente de la memoria de trabajo y a observar con más distancia lo que nos está ocupando. No se trata de que escribir haga desaparecer los problemas, sino de convertir una acumulación difusa en algo que podemos mirar, ordenar y atender paso a paso.

Cuando termines, mira la hoja. Probablemente entiendas un poco mejor por qué estabas cansada. Ahora divide lo escrito en tres categorías:

HACER

Aquello sobre lo que puedes actuar.

Decide cuál será el siguiente paso y, si puedes, cuándo lo harás.

No necesitas resolverlo todo; basta con concretar la siguiente acción posible.

DECIDIR

Aquello que necesita reflexión, pero no necesariamente una respuesta inmediata.

Ponle un momento. Puede ser una conversación, una tarde, una fecha o un espacio concreto en tu agenda.

No necesitas decidirlo continuamente durante todo el día.

SOLTAR

Aquello que no puedes controlar, que ya ocurrió o que estás intentando resolver mentalmente sin disponer de nueva información.

Esta última columna suele ser la más difícil. Y quizá también la más necesaria. Soltar no significa que algo no importe. Significa reconocer que insistir mentalmente en ello, una y otra vez, no siempre nos acerca a una solución.

Si ese ruido se vuelve constante, muy intenso o empieza a impedirte descansar, trabajar, relacionarte o disfrutar de tu vida cotidiana, pedir apoyo profesional también puede ser una forma de hacer espacio.

No necesitamos resolver nuestra vida antes de dormir

A veces tratamos nuestra cabeza como si fuera una oficina abierta las veinticuatro horas. Seguimos evaluando, recordando, anticipando y resolviendo incluso cuando el día ya ha terminado.

Pero descansar mentalmente también requiere cerrar temporalmente algunos asuntos. No porque hayan desaparecido. Sino porque podemos volver a ellos mañana.

Quizá una buena pregunta al terminar el día no sea: «¿Lo he resuelto todo?» Probablemente nunca podamos responder que sí.

Podría ser otra: «¿Qué puedo dejar aquí hasta mañana?» Porque cuidar nuestra mente no consiste en conseguir una vida sin problemas. Consiste también en aprender que no tenemos que sostenerlos todos, todo el tiempo y al mismo tiempo.

Así que hoy te dejo una pregunta. Antes de abrir otra pestaña, responder otro mensaje o empezar una nueva tarea, párate unos segundos.

¿Cuánto ruido llevas hoy en la cabeza?

Quizá no necesites hacer más. Quizá necesites hacer un poco de espacio.

Fran Galante
Psicóloga, consultora, mentora y conferenciante. Autora de Cerebros Despeinados®.


[1] Cowan, N. (2014). Working memory underpins cognitive development, learning, and education. Educational Psychology Review, 26, 197–223.

[2] Cowan, N. (2014). Working memory underpins cognitive development, learning, and education. Educational Psychology Review, 26, 197–223.

[3] Reich-Stiebert, N., Froehlich, L., & Voltmer, J.-B. (2023). Gendered mental labor: A systematic literature review on the cognitive dimension of unpaid work within the household and childcare. Sex Roles, 88, 475–494.

[4] Aviv, E., Waizman, Y., Kim, E., Liu, J., Rodsky, E., & Saxbe, D. (2025). Cognitive household labor: Gender disparities and consequences for maternal mental health and wellbeing. Archives of Women’s Mental Health, 28, 5–14.

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